22 de septiembre de 2011

Descuidos y lamentos: un paseo inesperado por la Ciudad de México.



En esta ocasión les quiero compartir unas pequeñas fotografías que tomé en dos de mis últimas estadías en la Ciudad de México, que por andar desprevenido y no ser el turismo la finalidad de mis viajes, no cargaba con una cámara apropiada, por lo que me encontré en la necesidad de utilizar mi celular al hallarme frente a ciertos objetos de nuestro interés. Tuve la fortuna de encontrarme en la colonia San Ángel y en el Centro Histórico, por motivos personales y académicos, y comprendí muy tarde que estar ahí sin una cámara era ciertamente una insolencia, pues cada dos pasos se topa uno con escenarios y objetos que nos refieren a la historia familiar de la Nueva España, tema que nos concierne en este blog. Aún así, espero que estas imágenes sean de su interés, todas se pueden ampliar dándoles click.


I.- Ex-Convento del Carmen.


 Es bien conocido que la fundación novohispana de San Ángel se debe a la erección del convento de la Orden de los Carmelitas, llamado el Convento del Carmen, actualmente convertido en museo. El convento prosperó debido a sus amplias actividades agrícolas, y la zona atrajo a un sinnúmero de aristócratas y cortesanos virreinales, quienes en primer lugar establecieron ahí sus residencias de verano y más tarde, con la anexión de la zona a la capital, sus residencias permanentes. A pesar de la nacionalización de los bienes eclesiásticos y la abolición de las casas de religiosos por las Leyes de Reforma,  el templo del convento sigue funcionando, y resguarda una importante colección de arte virreinal novohispano. Éste es un ejemplo del siglo XVIII, que muestra a la Santísima Virgen al centro, los santos sosteniendo su manto, que a la vez cubre al grupo de los arrodillados, conformado por monjas y monjes carmelitas, así como por un benefactor de la orden apellidado Sánchez de Tagle. En la parte inferior se aprecia una placa que testifica que el cuadro fue donado por la Ilma. Sra. doña Carmen Rincón-Gallardo de Ortiz de la Huerta, condesa de San Bartolomé de Jala.


Cuadro en el ex-convento del Carmen.

Placa del cuadro.


II.- Casa del Mayorazgo de Fagoaga.

 En el siglo XVII don Francisco de Fagoaga e Yragorri, caballero de la Orden de Santiago, mandó construir esta casa en la colonia San Ángel de la Ciudad de México, específicamente en la famosa calle de la Amargura. Originalmente su construcción fue de estilo barroco, y en el siglo XIX fue acondicionada al neoclásico, al uso de muchas mansiones europeas. En el siglo XVIII la casa fue brevemente habitada por don Alonso Núñez de Haro y Peralta, arzobispo de México, virrey de la Nueva España, caballero Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III. También se dice que el presidente de la República, Su Alteza Serenísima don Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón (conste que dije república) estuvo en esta casa jugando boliche durante la famosa Batalla de Padierna, o por lo menos ésa es la leyenda popular.  

Placa en la entrada de la casa.

Vista de la casa desde la calle de la Amargura.

III.- Palacio de los Condes de San Mateo de Valparaíso.

 En el siglo XVIII don Miguel de Berrio y Zaldívar, I marqués del Jaral de Berrio, conde consorte de San Mateo de Valparaíso, caballero de la Orden de Santiago, y dueño de la importante Hacienda del Jaral de Berrio, mandó construir este suntuosísimo palacio en la actual calle Madero de la Ciudad de México, visita obligada para cualquier turista o habitante de la capital. El propósito original del palacio era servir de regalo de bodas para su única hija y heredera con el príncipe siciliano don Pedro de Moncada y Aragón Branciforte y Platamone. Al separarse la Nueva España de la península, y al rechazar S.M. el rey don Fernando VII el trono de estos reinos, el heredero del suntuoso palacio lo otorgó al nuevo Imperio Mexicano para servir de residencia al emperador S.A.I. don Agustín I de México, nacido don Agustín Cosme Damián de Itúrbide y Arámburu Arregui Carrillo y Villaseñor. Del primer apellido del emperador se rebautizó el edificio como Palacio Iturbide, y tras el exilio y regicidio del emperador, se transformó en el Hotel Iturbide, y más tarde en un café frecuentado por la sociedad porfirista de finales del siglo XIX. En el siglo XX pasó a ser parte del Banco Nacional de México (Banamex), que afortunadamente cesó el uso del edificio como oficinas, para así convertirlo en el destacado Centro Cultural Banamex, que actualmente alberga exposiciones excepcionales, y que ha fomentado la austera pero prudente restauración del inmueble. 


Placa en la fachada.
Decoración barroca de la entrada del Palacio.
Segunda placa en la fachada.


III.- Palacio de los Condes del Valle de Orizaba o la Casa de los Azulejos.


De esta propiedad se tienen registros que se datan en el siglo XVI, aún así, su resplandor actual proviene de cien años después, cuando la V condesa del Valle de Orizaba, doña Graciana María Suárez de Peredo Zaldívar y Castilla, casa en la ciudad de Puebla de los Ángeles con el tapatío don José Javier Hurtado de Mendoza Vidaurri. Tras su matrimonio, los condes se trasladaron a la Ciudad de México y habitaron este antiguo palacio, cuya fachada ya ostentaba algunos detalles de azulejo. Sin embargo, la quinta condesa, acostumbrada a la opulenta talavera de la Angelópolis, decidió cubrir casi la totalidad de su palacio de este material, dándole un aire muy portugués, y provocando el asombro de todas aquellas personas que pasaban por la actual calle Madero, donde también residían los condes de San Mateo de Valparaíso y los marqueses de Santa Fe de Guardiola. Desde entonces, el palacio no ha dejado de asombrar a cualquier transeúnte, y se puede decir con seguridad que es uno de los símbolos de la Ciudad de México. Su historia, sin embargo, no es tan afortunada. Si bien el Palacio protagonizó sucesos históricos, también fue escenario de conjuras y asesinatos, como aquel lamentable homicidio del conde don Andrés, quien firmaba "ex-conde del Valle de Orizaba" como protesta por la abolición de los títulos nobiliarios. Sobre el palacio, se recuerda también que pasó a manos de los Martínez de la Torre y más tarde a los Yturbe. Fue don Francisco Sergio de Yturbe e Idaroff el responsable por la segunda destrucción artística del edificio, comisionando al pintor José Clemente Orozco un enorme mural alegórico de motivos indigenistas que nada tiene que ver con la decoración barroca y churrigueresca con motivos mudéjares del magnífico palacio novohispano. La primera atrocidad se realizó cuando el palacio fue sede del reconocido Jockey Club, hogar de la sociedad capitalina "educada" del porfiriato, que reacondicionó varias salas al estilo neoclásico, otorgando otro elemento ajeno que eclectizó el edificio de manera irreparable. En el siglo XX fue adquirido por los hermanos Sanborn, quienes crearon ahí la reconocida cadena de cafeterías que lleva su apellido. Desde entonces funciona como cafetería principal de dicha cadena. Para los lectores habituales del blog, o para aquellos que han leído el artículo referido al marquesado de Santa Fe de Guardiola, cabe mencionar que en una de las calles que rodea este palacio, el llamado Callejón de la Condesa, se protagonizó el cuento de don Julio Torri, descrito en dicho artículo, pues justo en frente de este palacio se encontraba el de los Echeverz. La historia del edificio se ve en sus múltiples placas de talavera, que espero se aprecien bien.


Ventana de cantera rodeada por los
azulejos de talavera poblana que cubren
casi la totalida de la fachada.
Primera placa del edificio.
  


Placa semidestruida en la fachada.


Placa más reciente, rodeada de talavera.

1 comentario:

  1. Mi querido Delfín , me es menester escribirle pues vivo a 8 km de la hacienda molino de las flores , donde se aprecian tan hermosos escudos de armas y el panteón familiar de don miguel de cervantes , a. Donde mando fotos espero me contacte nutriel@live.com. mx


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