15 de junio de 2011

De Torreón a Pamplona: el Marquesado de San Miguel de Aguayo



Palacio de los marqueses de San Miguel de Aguayo en Papmplona.

Un fenómeno muy común en algunas casas nobiliarias novohispanas, fue el eventual retorno a la Madre Patria. Éste fue por lo menos el caso de los Echeverz y de muchas otras familias, quienes regresaron a la península a construir grandes palacios y comprar nuevos señoríos, haciéndose un hueco en la aristocracia peninsular. En algunos casos, estas familias no regresaron a Europa jamás, otras huyeron durante los movimientos independentistas, pero algunas otras, como la familia de los marqueses de San Miguel de Aguayo, iba y venía con toda la soltura que su amplio bolsillo y su espíritu viajero se lo permitía. Pues lo del espíritu viajero fue algo que los Echeverz siempre tuvieron, aunque el amplio bolsillo no siempre fue la constante. 


Don Agustín de Echeverz y Subiza, primero de este linaje en pasar a Indias, nació en el poblado de Asiain en el año de 1646. Asiain es uno de los nueve consejos que forman parte del municipio de Cendea de Olza, situado a diez kilómetros de Pamplona, capital de Navarra. Según el último censo (2010), Asiain tiene una población estimada de 150 habitantes. No será difícil imaginar que en el siglo XVII, la población de Asiain no fuera mucho mayor que en la actualidad. Aún así, la familia Echeverz estaba distante de ser una sencilla familia de campesinos navarros, ellos provenían originalmente de Berrioplano, y ahí era bien conocida su casa y notoria su hidalguía. El padre de don Agustín de Echeverz fue don Pedro de Echeverz Espinal y Toro, un viejo hidalgo descendiente de valientes militares de la época de la Reconquista. Ésto no hacía, de ninguna manera, que la familia Echeverz fuera siquiera de mediana importancia en la España de los grandes linajes. No obstante, Agustín era el primogénito de la familia, quien debía de continuar la tradición y hacerse cargo de su pequeño señorío, pero ni éso, ni el singular prestigio de su nombre en Berrioplano y Asiain, fueron lo suficiente para las enormes aspiraciones que más tarde demostraría tener.

Como muchas otras historias de los títulos novohispanos, ésta comienza con un viaje por el Atlántico y un provechoso matrimonio. Al llegar a la Nueva España, don Agustín de Echeverz tuvo un puesto público de acorde a su condición de hidalgo, recordando que tan sólo pertenecía a la pequeña nobleza de Navarra, fue protector de los indios tlaxcaltecas y chichimecas en Tlaxcala y después en Mazapil, Zacatecas. Después de su matrimonio con una bisnieta del gran conquistador don Francisco de Urdiñola, don Agustín fue también dueño de la Hacienda de Patos y de Parras, y con una colección de tierras, encomiendas, fábricas y el buen nombre de la familia de su esposa, logró una gran fortuna que gobernó con audacia y efectividad navarra, para después volver a la Península con una lista de largos servicios prestados a la corona española, por parte de él, su familia, y por supuesto, de los Urdiñola, que ahora también formaban parte de su núcleo familiar. No fue más que esa lista, y 562 mil maravedís, lo que consiguieron que S.M. el Rey don Carlos II "el Hechizado", le otorgara un título de Castilla que él aceptó con gran beneplácito. 

La familia del marqués de Aguayo, como era conocido popularmente, se enlazó rápidamente con las mayores casas del virreinato, y una vez más se hizo evidente esa red familiar de la que tanto hemos hablado en artículos anteriores. Los Echeverz se distinguieron también por sus obras benéficas. Es bien conocida la historia del cuarto marqués de San Miguel Aguayo, quién dejó en herencia toda su fortuna a los pobres, y dictaminó que con ese dinero se crearan clínicas para enfermedades oculares y así atender a gente de bajos recursos que sufría de estos males. El cuarto marqués era muy sensible al sufrimiento de los más débiles y siempre fue muy cercano al mundo de la medicina y la ciencia, por ello se entiende que fuera ahí dónde decidiera dejar su legado.


Si bien la donación de la fortuna del cuarto marqués fue un gran golpe para el patrimonio de los Echeverz, no fue el peor ni el más decisivo. Tras la abolición de los mayorazgos en España, se imitó la ley en el congreso de la nueva nación mexicana, y después de haber apoyado la independencia de este país, el quinto marqués de Aguayo perdió en tierras lo equivalente a dos tercios de la superficie de Portugal. Con este golpe legal, la fortuna de los Echeverz disminuyó considerablemente y con ella la manutención de sus casas y palacios, que poco a poco dividieron para alquiler o terminaron vendiendo.


De ésto último es de lo que me gustaría hablar, pues cuando se recuerda a los marqueses de Aguayo, sus palacios merecen una mención especial. En el virreinato novohispano, la construcción del palacio simbolizaba la solidez y prestigio de la familia. Los nobles novohispanos se caracterizaron por construir los palacios más suntuosos de la América española, y en esta ocasión los marqueses de Aguayo sí fueron la excepción. Si bien aún se conserva, aunque en estado lamentable, el antiguo palacio de los Echeverz en la Ciudad de México, éste nunca resplandeció especialmente, y su dignidad de palacio claramente le fue dada por estrictas razones protocolarias, pues más bien se le pudiera llamar casona o simplemente casa. En su natural Torreón, tampoco construyeron nada especial. Despierta entonces la pregunta de porqué una familia como los Echeverz no tenía interés en demostrar esta solidez y prestigio en la sociedad virreinal. La respuesta está muy a la mano, el interés de los Echeverz era demostrar esas virtudes no en ultramar sino en la península. Ya en 1698, la segunda marquesa de Aguayo, quien casaría dentro de una de las familias más renombradas de Navarra, mandó construir un palacio en Pamplona digno de la extravagante aristocracia indiana. No fueron la primera familia en hacerlo, ya los Pizarro peruanos habían hecho lo mismo años atrás en Trujillo, pero cabe decir que el Palacio de los Marqueses de San Miguel de Aguayo en Pamplona es un edificio que no pasa desapercibido. 
Parte trasera del palacio de los marqueses de San Miguel de Aguayo, en Pamplona. 


Siempre quedará mucho más que contar acerca de los Echeverz y el marquesado de San Miguel de Aguayo, pero tras esta breve introducción, dejo descrita la genealogía de los anteriores y la sucesión de este título del Reino.


I.- Don Pedro de Echeverz, señor del palacio de Ganzuri. Casó con doña María de Orderiz y Ramírez de Esparza, señora del palacio de Esparza.


II.- Don Pedro de Echeverz y Orderiz (1585), señor de los palacios de Ganzuri y de Esparza. Casó con doña Beatriz de Toro y Espinal. Fueron padres de:

II.- Don Pedro de Echeverz Espinal y Toro (1615), señor del palacio de Esparza. Casó con doña Isabel de Subiza y Bernedo, hija de don Pedro de Subiza y Arteta y de doña Isabel de Bernedo . Fueron padres de:

III.- Don Agustín de Echeverz y Subiza (1640-1667), I marqués de San Miguel de Aguayo, antes señor de la Villa de San Miguel de Aguayo y de su barrio de Santa Olalla en Castilla la Vieja, Montañas de Burgos, señor de los Palacios de Esparza, caballero de la Orden de Santiago, Gobernador y Capitán General del Nuevo Reino de León en la Nueva España, Alguacil Mayor Perpetuo y Hereditario del Reino de Navarra, Protector de los Indios de Mazapil y San Esteban. Casó con doña Francisca de Valdés Alcega y Urdiñola, hija de don Luis de Valdés, Caballero de la Orden de Santiago; nieta por línea materna de don Luis de Alcega y Vargas, Caballero de la Orden de Alcántara, y de doña Isabel de Urdiñola; segunda nieta de don Francisco de Urdiñola, conquistador, gobernador y capitán general de la Nueva Vizcaya.
Fueron padres de:

IV.- Doña Ignacia Javiera de Echeverz Subiza y Valdés (1679-1733), II marquesa de San Miguel de Aguayo. Casó con don José Ramón de Azlor y Virto de Vera, segundo de la Casa de Guara, gentilhombre de cámara del Rey y mariscal de campo, gobernador y capitán general de Coahuila y Texas, caballero mesnadero de Aragón, hijo de don Artán de Azlor, conde de Guara, nieto de don Martín de Azlor y bisnieto de don Juan de Azlor.
Fueron padres de:

V.- Doña María Josefa Micaela de Azlor y Echeverz (1707, Pamplona) III marquesa de San Miguel de Aguayo. Casó con don Francisco de Valdivieso Mier y Barreda, conde de San Pedro del Álamo, mariscal de campo, hijo de don Andrés de Valdivieso y Barreda-Yedra y de doña Catarina de Mier Barreda Bracho y Ceballos.
Fueron padres de:

VI.- Don Pedro Ignacio de Echeverz de Espinal y Valdivieso (1704, Parras, Coahuila), IV marqués de San Miguel de Aguayo, gentilhombre de la cámara del Rey y alguacil mayor del R. y S.C. de Navarra. Casó en primeras nupcias con doña Ana de Basarte y Aiza. En segundas nupcias casó con doña Gertrudis Sánchez de Tagle y Gallo de Pardiñas, hija de la segunda marquesa de Altamira. Casó en terceras nupcias con doña Ana Gertrudis Vidal de Lorca y Pinzón, natural de Nicaragua, hija de don Melchor Vidal de Lorca y Villena y de doña Francisca Martínez de Pinzón. De los tres matrimonios nacieron 30 hijos, de los cuales murieron varios en la infancia. Entre estos 30 hijos se encontraron Don Francisco de Valdivieso, casado con doña Dolores de Valdivieso y Valdivieso, condesa de San Pedro del Álamo, doña Rafaela de Valdivieso, marquesa de la Cadena, don Ignacio de Valdivieso y Vidal de Lorca (trigésimo hijo), Embajador de México en España en 1844, Caballero Gran Cruz de la Orden de Pío IX, de la Orden de Francisco I de Nápoles, de la Orden de Cristo, entre otras.
Fueron padres de:

VII.- Don José María de Echeverz Espinal Valdivieso y Vidal de Lorca (1788), V marqués de San Miguel de Aguayo, caballero maestrante de Ronda, firmó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano, Mayordomo de S.M.I. don Agustín I de México. Casó con doña Teresa de Lagaurrieta y García de Galván. Casó en segundas nupcias con Doña Antonia de Villar-Villamil Primo y Rodríguez de Velasco (también llamada Antonia López de Peralta y Villar Villamil), dama de honor de S.M.I. la emperatriz Ana María de México, hermana de Doña Josefa de Villamil, condesa de Regla, de Doña Paz de Villamil, condesa de Guadalupe, de don Jerónimo de Villar-Villamil, marqués de la Cadena, hija de don José Jerónimo López de Peralta Villar Villamil y Primo, caballero de la Orden de Calatrava, y de doña María Ignacia Rodríguez de Velasco y Osorio Barba (apodada "la Güera Rodríguez"), hermana de doña Josefa Rodríguez de Velasco, marquesa de Uluapa, fue nieta de don Jerónimo López de Peralta Villar Villamil y Alvarado, de doña Josefa Primo Villanueva, de don Antonio Rodríguez de Velasco y de doña Ignacia Osorio Barba. Con este matrimonio se termina la sucesión del marquesado en el linaje de los Echeverz.
Fueron padres de:

VIII.- Doña Dolores de Valdivieso y Villamil (1825). Casó con don Agustín Gómez de Parada. Fueron padres de:

IX.- Don Jorge Gómez de Parada y Valdivieso (1851). Casó con doña María de la Concepción Buch y Echeverría.


Al morir don José María de Echeverz, el marquesado no fue reclamado por sus descendientes por lo que cayó en desuso. En 1884 el título fue rehabilitado a favor de don Luis Díez de Ulzurrun y López de Cerain, también natural de Asiain, en su condición de cuarto nieto por vía de su abuela paterna, de doña Francisca de Echeverz y Subiza, hermana del primer marqués. Más tarde, el título fue sucedido por su hijo don Eduardo Díez de Ulzurrun y Alonso, a quien sucedió su sobrino don Luis Díez de Ulzurrun y Alzugaray. En 1963 sucedió el hijo de éste, don Felipe Díez de Ulzurrun y O'Shaughnessy, quien en el año 2009 lo cedió a su primo don Luis de la Plaza y Díez de Ulzurrún, X marqués de San Miguel de Aguayo.




Bibliografía:
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García Alonso, Manuel, El Marquesado de San Miguel de Aguayo y Su Obra Indiana, Página Alternativa de Reinosa y Campoo (http://bit.ly/jfGpBL).
BOE (Real Carta de Sucesión del marquesado de San Miguel de Aguayo): http://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-2009-8352
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