18 de octubre de 2011

Primer Aniversario.





Estimados lectores,


Me alegro en anunciarles que el día de hoy se cumple el primer aniversario del blog de Genealogía Novohispana. El 18 de octubre del 2010 publiqué el primer artículo, referido a los condes de Santiago de Calimaya, y desde entonces el blog no ha dejado de funcionar para difundir la historia de los principales linajes del virreinato novohispano. El blog no solamente ha sido un espacio de difusión, sino que también ha servido para ir creando una red de aficionados y profesionales de la historia familiar novohispana, quienes constantemente participan y complementan los artículos publicados. Espero que esta comunidad siga creciendo, para así poder sacar a la luz y desempolvar esta parte tan importante de la historia de nuestro territorio, y que tan rezagada ha quedado a través de los años.

Es verdad que este blog no se dedica, ni pretende dedicarse, a tratar la genealogía de todos los estratos sociales de la Nueva España, tampoco pretende desentrañar el origen de familias que actualmente habitan el México independiente. El blog de Genealogía Novohispana, lejos representar un estudio superfluo, trata la historia de aquellas familias, que por sus hazañas o por su linaje, fueron consideradas principales en este territorio, aquellos que ocuparon altos cargos de gobierno y fueron los dueños de las tierras, y cuyas formas de vida estaban expuestas a los ojos de todos, sirviendo como modelo social y cultural para el resto la población.

Las familias de las que tratamos en este blog son aquellas que, como ya he dicho muchas veces, formaron verdaderas redes de poder a través del parentesco, fueron, en definitiva, aquellos que gobernaron, hicieron justicia, y constituyeron el motor y dinamismo de la economía virreinal. No se trata pues, de un estudio de vanidades ni de un anecdotario presuntuoso para poder exponer la alta civilidad de nuestra sociedad, sino un estudio de fuerte interés sociológico, político y cultural, que pretende ofrecer esa visión, para muchos oculta, de que antiguamente, desde la época precolombina hasta la Reforma Agraria, la familia y el parentesco ocuparon un lugar primordial en la conformación, no solo social, sino económica, política, cultural, religiosa, arquitectónica, urbanística, rural, etcétera, de nuestro país.

Códice Selden, ascedencia divina de la Princesa 6 Mono.
La genealogía no fue importada ni aumentó su valor en el territorio mexicano con la conquista, ya las culturas prehispánicas le daban un lugar fundamental, prueba de ello son los primeros códices mixtecas, llamados naandeye o tonindeye, que significa la historia de los linajes. En el Códice Vindobonensis, impacta la centralidad de la escena acerca del nacimiento de los 51 hombres del árbol de Apoala, considerados dioses, y de donde descendían las dinastías nobles de La Mixteca, cuyos linajes se documentan en el mismo códice por más de setescientos años, desde el siglo VII hasta el XIV. En el caso de los mayas, por ejemplo, es muy conocida la historia genealógica de los ahauajaw, gobernantes de Palenque y supuestos descendientes de la "Primera Diosa", comenzando por K'uk' Balam I, en el año 397 d.C., pasando por el gran ajaw Pakal "el Grande", y terminando en el último ajaw, Sak Balam, en el año 800 d.C.

Para las culturas prehispánicas mesoamericanas, la importancia de la genealogía y ascendencia fue mucho mayor que para las occidentales, el dinamismo social era prácticamente inexistente, más parecido al sistema de castas del hinduismo, pudiendo acceder a cargos solamente aquellos que probaran la nobleza de su sangre, siempre partiendo de un origen divino. La conquista española de América trajo consigo la secularización de los linajes, pues en la cultura occidental nadie osaría pretender descender de una divinidad. Al igual que en Mesoamérica, en la España medieval, el gobierno, el poder y la propiedad estaban fuertemente vinculados a la ascendencia. El mestizaje cultural evidentemente acarrea un mestizaje de la visión acerca de la importancia de los linajes y la jerarquía. No podemos pues, ignorar que la Nueva España se conformó por el mestizaje entre dos mundos altamente jerárquicos, y su resultado no pudo ser de otra manera. La documentación genealógica es entonces fundamental para la legitimidad de poder en la nueva sociedad virreinal. Si bien tuvo una importancia muy destacada, actualmente está muy poco difundida la documentación genealógica de los nobles y caciques indígenas durante el virreinato. Los nobles españoles reconocían a sus pares en la nobleza indígena, prueba de ello es la concesión de títulos de Castilla, señoríos, altos cargos y escudos de armas a los descendientes de Moctezuma, de los Alva Itxtilxóchitl, los Villagómez, y muchas otras familias que se introdujeron a la aristocracia virreinal y peninsular debido al reconocimiento absoluto de su nobleza como notoria por parte de la sociedad occidental, realizando numerosos matrimonios conjuntos, los cuales ya se han evidenciado en algunos de los artículos aquí publicados. También la Corona de los Habsburgo ennobleció a varias familias indígenas por sus servicios en la conquista, como el caso de la familia Motelchiuhtzin, originalmente macehuales, y ennoblecidos por los actos del capitán Andrés Motelchiuhtzin, cuyo nombre modificó a Andrés de Tapia (homónimo del conquistador).
Armas concedidas por S.M. el Rey Don Carlos I
 a Don Juan Istolinque, cacique de Coayacán.

Ya a principios del virreinato, la movilidad social comenzó a ser mayor, ennobleciéndose, por ejemplo, a los conquistadores, fundadores y primeros pobladores de las Indias, así como a pueblos enteros, como el caso de los tlaxcaltecas, reconocidos por prestar sus armas en servicio a la Corona. De igual forma, muchos no ennoblecidos accedían a altos cargos a través de sus esfuerzos y por mérito propio, aunque en un principio fuese ésto más difícil de conseguir. Ahora bien, muchos nobles no necesariamente vieron el éxito ni la riqueza, y familias de gran tradición peninsular también conocieron la desgracia y la miseria. Con la proclamación de la Primera República y la disolución de los mayorazgos, quedaron suprimidos los derechos de sangre, por lo menos jurídicamente, y con ello muchas familias perdieron el interés por la documentación genealógica, así como por preservar la tradición de sus apellidos, siendo ya algo irrelevante para el acceso al poder. Sin embargo, más de 1700 años de tradición estaban detrás de ese nuevo modelo social y político, y claramente la cultura de ese antiguo territorio era más fuerte que las políticas de cualquier talante ideológico que pudieran existir.

A través de los años, hubieron fuertes cambios sociales, aún así, el prestigio que da el tiempo y la historia tardarían muchos esfuerzos más para lograr la disolución de la importancia real de la tradición familiar, para desgracia del ideario republicano. El golpe más fuerte, y quizás más decisivo, que recibió la importancia genealógica en México, fue la Reforma Agraria de comienzos del siglo XX, despojando de sus propiedades a los grandes y medianos terratenientes, y con ello disolviendo la última fuente de poder real que quedaba en las antiguas redes de parentesco, cuyos orígenes se remontaban al siglo XVI, y en algunos casos, mucho antes. Con ese golpe final, la ascendencia perdió toda conexión con el poder y la riqueza, terminaron por completar las filas de poder los militares revolucionarios, los líderes sindicales, los fieles republicanos, y los nuevos empresarios cuya amistad con los dirigentes revolucionarios y agraristas comenzaban a dar frutos.

Don Sebastián Lerdo de Tejada y Bustillos,
presidente de México, descendiente del
Antiguo e Ilustre Solar de Tejada.
Actualmente, sobreviven ciertas pistas de tradición en algunas familias mexicanas y centroamericanas, en cuanto a la sociedad novohispana se refiere, algunas familias han logrado realizar aquella estrategia de Tomasi di Lampedusa en Il Gattopardo ("si queremos que todo siga igual, es necesario que todo cambie"), y sobreviven casos admirables, como el de la familia Villagómez, antiguos caciques de La Mixteca precolombina que ocuparon altos cargos hereditarios durante el virreinato, llegando a ser de los mayores terratenientes desde la segunda mitad del siglo XVII hasta la independencia, dirigentes políticos durante el porfiriato, líderes revolucionarios, financieros, pasando muchos de ellos ahora a ser destacados empresarios, cuya tradición se ha mantenido por más que quizás ninguna otra familia del México actual. Como éste, existen otros casos, de notables familias peninsulares que en la Nueva España mantuvieron su tradición y que actualmente siguen protagonizando la vida política, económica y cultural en México. Sin embargo, los valores del ideario republicano han triunfado en las sociedades americanas, y los siglos de tradición familiar generalmente son ignorados por sus propios miembros, y en caso contrario, se les acusa de esnobismo.

Espero pues, a través de este espacio, desenterrar aquellas tradiciones que han quedado escondidas pero que indudablemente forman parte de nuestra historia y también de nuestra cultura actual, que si bien no siempre encuentran el aprecio que deberían, tienen un valor fundamental en la conformación de nuestra identidad, sin importar lo que digan los idearios nacionalistas. La justicia demanda el reconocimiento de nuestra historia, de aquellos que la forjaron, sin distinción de su cercanía o distancia con la forma de gobierno presente. Ojalá todas estas familias, cuyos esfuerzos construyeron nuestra cultura y nuestra nación, sean reconocidas como parte de nuestra historia, y no negadas, ridiculizadas, y desestimadas por una idea errónea y generalizada porque así convino a una forma de gobierno.

Invito a todos los lectores del blog a continuar difundiendo nuestras tradiciones, de la manera que cada quien deseé, y a seguir invitando a otros a participar de este proyecto, que como ya he explicado, trasciende la simple curiosidad, y se convierte en un despertar al pasado, a la historia, a la verdad y en definitiva a nuestra verdadera identidad.

Como ya es tradición, he modificado el diseño del blog para darle un aire nuevo ahora que celebramos su primer aniversario. En esta ocasión adorna la portada una fotografía de un detalle de la fachada del Templo del Carmen en San Luis Potosí, una de las mejores representaciones del barroco churrigueresco novohispano, en donde la mano de artesanos indígenas deja su huella en los diseños de la arquitectura española del siglo XVIII.   La construcción del Templo del Carmen se inició en 1749, y fue finalizada en 1764, junto a su convento (destruido por las fuerzas del presidente Benito Juárez durante las Guerras de Reforma). Entre aquellos que financiaron la construcción se encontraron don Bartolomé López de Meza, don Manuel Fernández de Quirós, don Francisco de Villanueva y Velasco, el bachiller don Santiago Sánchez de Alvear, don Nicolás Fernando de Torres, y la esposa de éste, doña Gertrudis de Maldonado y Zapata. Agradezco a todos ellos el habernos regalado un edificio tan magnífico.

Detalle de la puerta mayor del Templo de Nuestra Señora del Carmen, San Luis Potosí.


Me despido pues, por ahora, y agradezco a todos su interés, colaboración y entusiasmo por los contenidos de este espacio.


Cordialmente,
Daniel Delfín



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