7 de julio de 2016

Palacios de la Ciudad de México

Fotografía: El Universal


En el programa "Crónicas y Relatos de México" transmitido por el Canal Once, la Sra. Ángeles González Gamio, quien fuera Secretaria General del Consejo de la Crónica de Ciudad de México (fundado por el difunto cronista Don Guillermo Tovar y de Teresa), presenta un recorrido por distintos barrios y monumentos de la Ciudad de México. En una de sus ediciones, la Sra. González Gamio hace un recorrido por tres de los palacios más notables que fueran de uso residencial durante el Imperio Hispánico. 

Comenzando con el Palacio de los Condes del Valle de Orizaba (mejor conocido como el "Sanborn's de los Azulejos"), pasando por el Palacio de los Marqueses del Jaral de Berrio (mejor conocido como el "Palacio de Iturbide"), y terminando con el Palacio de los Condes de Santiago de Calimaya (actualmente Museo de la Ciudad de México), la cronista invita al espectador a recrearse en un paseo por estos tres edificios que atestiguan más de trescientos años de historia de México.

Aunque la lista de palacios de uso residencial en la Ciudad de México se extiende mucho más allá de estos tres ejemplares, este reportaje es de los pocos que han capturado los siglos de historia que han pasado por estos edificios y sus usos actuales, algunos de restauración y otros para usos culturales. Lamentablemente, muchos de estos magníficos palacios han sido demolidos y otros han sufrido irreversibles daños, hiriendo el patrimonio de la ciudad de manera irreparable.

Desde el blog de Genealogía Novohispana, los invitamos a ver este reportaje, como pequeña muestra de la riqueza histórica y patrimonial del Virreinato de la Nueva España.



21 de abril de 2013

La Hacienda del Muerto.


La vida, indudablemente, da vueltas inesperadas. Muchas son las veces que nos encontramos con grandes hombres ensalzados en magnas obras, virtudes heroicas o glorias militares, para después verlos hundirse, quizás incluso conviviendo con la desgracia a la hora de la muerte, u olvidados por aquellos a quienes generosamente sirvieron. En ocasiones, estas paradojas no solo ocurren con las personas sino también con las ideas, estructuras, objetos y lugares. Pujanza y decadencia son dos palabras que, desgraciadamente, muchas veces se encuentran en el mismo párrafo. Al estudiar los remotos sucesos de la historia familiar, no es extraño encontrarse con más de alguna anécdota que nos recuerde a este fenómeno incomprensible de la realidad humana.  



Don Juan de Oñate.
Hace poco tiempo me volví a encontrar con la historia de la famosa Hacienda del Muerto, cuyo nombre no puede describir mejor su situación actual, aquella gloriosa hacienda tenida como oasis en medio de un desierto interminable, de la que hoy no quedan más que ruinas, testimonio de sus glorias pasadas, de su revoltosa historia y de su trágico fin. Formada originalmente por la vinculación de numerosas haciendas, San Antonio de Arista fue el nombre elegido en el siglo XIX por su fundador, Don Antonio de la Garza y Elizondo, para bautizar a lo que habían sido las antiguas haciendas de San Francisco de Cañas, Capirota, el Barrial y Porterillo, las cuales había heredado de sus ancestros. Las cuatro haciendas habían pasado intactas de generación en generación desde el siglo XVII hasta sus días, siendo su primer dueño el Capitán Don Bernabé de las Casas, importante militar, minero y terrateniente de origen canario, que había destacado en el uso de las armas bajo el mando del Adelantado Don Juan de Oñate, de quien obtuvo el grado de capitán tras tomar prisioneros a quinientos indios hostiles en Nuevo México como venganza por la muerte del Maese de Campo Don Juan de Zaldívar y Oñate, sobrino carnal del Adelantado. El Capitán Don Bernabé de las Casas tuvo la suerte de ver recompensados sus esfuerzos con numerosas tierras y cargos públicos, entre los que se encontraron el de Alcalde Ordinario de Santiago de Saltillo, Alcalde Ordinario de Monterrey, y más tarde Alcalde Mayor del mismo.

Tras establecerse en la creciente Villa de Santiago de Saltillo, el Capitán de las Casas fundó las haciendas de San Francisco de Cañas, En Medio, San José de la Popa, La Magdalena, Nuestra Señora de Eguía, Chipinque, Nuestra Señora del Rosario, así como las minas de San Nicolás Tolentino, cuya fundación compartió con su primo, el también célebre Capitán Don Francisco Báez de Benavides, entre otras. Una vez asentado su dominio sobre la agricultura, comercio, minería y gobierno del noreste de la Nueva España, intentó conseguir que el Rey le nombrase gobernador del Nuevo Reino de León, contratando a un oficial sevillano para que hiciera alarde de sus méritos en la Corte de Madrid, sin embargo, sus esfuerzos fueron inútiles y Las Casas murió dos años después de dejar su cargo como Alcalde Mayor de Monterrey. Numerosos libros y hasta un museo con su nombre, son testimonio de la importancia de este militar de los Reales Ejércitos, latifundista, minero, comerciante y servidor público, cuyo recuerdo es un componente clave para la historia del norte de la Nueva España. 

Don Bernabé de las Casas, como todo "recién llegado" que conoció el éxito, intentó atar parentescos con las familias fundadoras de las ciudades que habitó, aquellas que eran portadoras del prestigio local debido a  su valentía en tiempos difíciles para la conquista, así como por los privilegios de hidalguía concedidos a los fundadores y primeros pobladores de las Indias, y otros grandes méritos de los pioneros del proyecto americano de la Monarquía Hispánica. El Capitán pondría el ejemplo contrayendo matrimonio con Doña Beatriz Navarro y Rodríguez Castaño de Sosa, viuda del Capitán Don Alonso de Sosa y Albornoz, compañero de armas de Don Bernabé, y nieta del General Don Diego de Montemayor, fundador de Monterrey y Gobernador del Nuevo Reino de León. Más tarde, sus hijos enlazaron con familias como los  Villarreal, Fernández de Montemayor y de la Vega, siguiendo los Treviño, de la Garza, Rentería, Martínez-Guajardo, Carvajal, así como demás clásicos de la genealogía neoleonesa.

Don Diego Fernández de Córdoba y de las Roelas,
Marqués de Guadalcázar,
Virrey de la Nueva España y del Perú.

Sin embargo, sería Doña María de las Casas y Navarro, hija de Don Bernabé, la única que rompería la política familiar, contrayendo matrimonio con un "recién llegado". El último yerno del Capitán de las Casas  era un militar andaluz que rápidamente había ascendido a la cúpula virreinal debido a su brillante carrera de armas, así como por sus conocidos parentescos en la Corte, mismos que lo habían traído a la Nueva España en tiempos en los que el virrey y él compartían vínculos de sangre y aún el mismo apellido. Don Bernabé de las Casas otorgaría a su hija Doña María cuatro de sus mejores haciendas como parte de la dote para su enlace con el Capitán Don Juan Alonso Fernández de Córdoba y Lobo-Guerrero, Regidor de Monterrey en tiempos del Virrey Marqués de Guadalcázar, Don Diego Fernández de Córdoba y López de las Roelas. 



Los continuos cambios onomásticos de Don Juan Alonso nos desorientan al investigar su rol en la historia virreinal, sin embargo, a pesar de los tres o cuatro nombres que se utilizaron para hablar de él (como era común en su tiempo), sabemos con certeza que vio la luz en la entonces Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Córdoba, en Andalucía, apodada "la Sultana", en el año de 1578, y que fue hijo de Don Juan Lobo-Guerrero y de Doña Juana Fernández de Córdoba, ambos de la misma naturaleza. La familia Fernández de Córdoba no solo se encuentra entre las más antiguas y nobles de España, sino que sus vástagos ocuparon altísimos cargos en la América Hispánica, y muchas veces decidieron sus designios, sin duda la amaron, pues dejaron ahí su descendencia, la cual aún camina por tierras ultramarinas. Curiosamente, en tiempos en los que el Marqués de Guadalcázar, Don Diego Fernández de Córdoba, fungió como virrey del Perú (después de serlo de la Nueva España), el Arzobispo de Lima fue el Excmo. y Rvdmo. Sr. Don Bartolomé Lobo-Guerrero y Góngora, y nuestro Capitán Don Juan Alonso provenía de ambas familias. Su destino, sin embargo, no fue Lima sino la Nueva España, cumpliendo sus funciones como Regidor de Monterrey, en el Nuevo Reino de León, soldado al servicio de los Ejércitos de Su Majestad, y formando una familia con la hija de otro militar, el poderoso Capitán Don Bernabé de las Casas. 

Don Bartolomé Lobo-Guerrero y Góngora,
Arzobispo de Lima.
La dote de Doña María sería el componente esencial en la creación de la importante Hacienda del Muerto, que alcanzaría la fama por ser escenario de numerosos ataques de indios comanches a territorio español, así como uno de los factores de producción más importantes de Nuevo León desde el siglo XVII hasta el siglo XX, cuando la Reforma Agraria acabó con el campo mexicano. El Capitán Juan Alonso Fernández de Córdoba se reveló como un excelente administrador, y su habilidad innata para tratar asuntos agrícolas ayudó a expandir la propiedad y aumentar su producción.

La familia Fernández de Córdoba-de las Casas, sería quien custodiara las cuatro haciendas que Don Bernabé concedió en dote a su hija Doña María, y lograrían acrecentarlas, pasándolas en heredad a sus descendientes, que si bien no recibirían el ilustre apellido que les mereció las tierras, sí se portarían a la altura que exige la gratitud. Las haciendas de San Francisco de Cañas, Capirota, el Barrial y Porterillo, serían escenario de ataques, batallas, sequías y heroica resistencia. En el siglo XIX, aún siendo blanco de indios hostiles, se decidió unificar las cuatro haciendas, que ya desde antaño funcionaban como una sola, centralizando su administración en una casa fortificada, que sería objeto de admiración de quienes tuvieron el honor de visitar sus salones y jardines.


Tras la emancipación mexicana de España, y la violencia que daría lugar a la naciente república, Don Antonio de la Garza y Elizondo, descendiente del matrimonio Fernández de Córdoba-de las Casas, fue quien encabezó la unificación de las cuatro haciendas, y las rebautizó en honor a San Antonio de Padua, su santo patrono. Más tarde recibirían el nombre de San Antonio de Arista, pero debido a su posterior historia, sería recordada en el imaginario popular como San Antonio el Muerto.

Maqueta de la Hacienda de San Antonio Arista.

Don Antonio de la Garza, al ver los tiempos que corrían, vendería las haciendas a un pariente suyo, Don Juan José de Villarreal y Elizondo, descendiente del Capitán Don Diego de Villarreal, fundador y explorador novohispano, cuya sangre también se mezcló con el matrimonio fundador de dichas tierras. Don Juan José de Villarreal acrecentó la producción de la hacienda, construyó un acueducto, casas para sus numerosos sirvientes, y continuó la difícil empresa de fortificar la hacienda. Esta última decisión sería quizás la más acertada, pues a la etapa más bélica debido a los continuos ataques de indios hostiles, siguieron las Guerras de Reforma, que encontrarían en la hacienda un escenario ideal para librar algunas de sus numerosas batallas.


La hacienda conoció grandes glorias, pero éstas no se extendieron hasta el siglo XX, como las de gran parte de las haciendas de México. Habiéndose encontrado en la facción conservadora de las Guerras de Reforma, los Villarreal apoyaron entusiasmados la restauración monárquica del Segundo Imperio Mexicano. Tras la caída de éste, en 1867, los liberales volvieron al poder, haciéndoles pagar con creces su supuesta "traición a la Patria". Nueve años después, en 1876, la Hacienda de San Antonio sería nada menos que escenario de la Batalla de Icamole, donde fueron derrotadas las fuerzas del General Porfirio Díaz, del bando más liberal, ante las fuerzas federalistas del Presidente Don Sebastián Lerdo de Tejada y Corral. La derrota le ganó al General Díaz el apodo poco amable de "el llorón de Icamole", cosa que que no olvidó siquiera cuando finalmente subió al poder. Ese mismo año, el gobernador juarista, Don Manuel Z. Gómez, retomó sus hostilidades contra los Villarreal, intentando obligarlos a aportar económicamente a la causa federalista de Lerdo de Tejada, a lo que Don Juan José se negó alegando que ya había aportado mucho al ser su casa escenario de una batalla y tener que pagar los gastos de la misma, así como el arreglo de su hacienda. La beligerancia en contra de la familia propietaria de la hacienda se volvió insostenible durante el resto del siglo XIX, y una hacienda de esas proporciones requería demasiado esfuerzo, influencia y colaboración. Finalmente, en pleno porfiriato, la hacienda tuvo que ser vendida por Don José Melitón de Villarreal, hijo de Don Juan José, y distinguido filántropo neoleonés, a un persona extraña a la familia.

En 1904, por primera vez en tres siglos, las tierras de los Fernández de Córdoba-de las Casas pasaron a manos de una familia sin ninguna relación con ellos. Sin embargo, el futuro de la Hacienda de San Antonio de Arista no estaba por ello asegurado, pues treinta años después sería dividida por el gobierno revolucionario para su configuración en una propiedad ejidal, en posesión de los antiguos labradores de la misma. El nuevo sistema agrario, como todos sabemos, fue un fracaso, y este oasis en medio del desierto, conocido como la Hacienda de San Antonio de Arista, comenzó casi inmediatamente a deteriorarse y a ser abandonada, adquiriendo trágicamente el mote de Hacienda del Muerto, no debido a leyendas de fantasmas, como dicen los guías de los miles de turistas que la visitan cada año, sino por su estado semejante al del esqueleto de un cadáver. Los campesinos, engañados por una revolución que les prometió vivir como señores al convertirse en propietarios, pronto dejaron la tierra de sus antepasados y emigraron, en su mayor parte a Estados Unidos, en búsqueda de trabajo y sustento.


La vida, indudablemente, da vueltas inesperadas.




Estado actual de la Hacienda de San Antonio.



Bibliografía

-Lozano de Salas, Ernestina. San Antonio del Muerto: Una Hacienda Decimonónica en el Noreste de México. Universidad Autónoma de Nuevo León. Edición ilustrada. 2003. Monterrey, México.

-Garza y Martínez, Valentina; Pérez Zevallos, Juan Manuel. Libro de Cabildo de la Villa de Santiago de Saltillo (1578-1655). CIESAS. Primera Edición. 2002. Ciudad de México.

-Garmendia, Guillermo. Origen de los Fundadores de Texas, Nuevo México, Coahuila y Nuevo León: Vecinos de Saltillo (1575-1710). Tomo II.

-Guerrero Aguilar, Antonio. Melitón Villarreal: Vida y Obra de un Filántropo Nuevoleonés. Universidad Mexicana del Noroeste. Ediciones Aprendera Ser. 1992.


7 de mayo de 2012

Veinte Mil Visitas




Con motivo de las primeras veinte mil visitas al blog de Genealogía Novohispana, he decidido re-editar la entrada correspondiente a los títulos nobiliarios concedidos a naturales y vecinos de la Nueva España, por ser este tema de tanta relevancia en la historia de nuestro territorio. La lista que se publica es de gran interés, y ahora, a partir de su re-edición, es quizás la más completa que se encuentre en Internet. 

Para acceder a la versión re-editada del artículo Títulos Nobiliarios en la Nueva España, se puede hacer fácilmente a través del enlace encontrado en el costado derecho, bajo el subtítulo de Entradas Populares, o haciendo click en el siguiente enlace que llevará directamente al artículo.


Gracias a todos los que son parte de este proyecto y espero que sigamos construyendo juntos esta parte tan importante de la historia de la Nueva España. 





9 de abril de 2012

Una Potosina en El Prado.


Doña Francisca de la Gándara y Cardona, condesa viuda de Calderón,
retratada por Vicente López Portaña, propiedad del Museo Nacional del Prado.


"De buena presencia y modales afables y cortesanos, era Calleja bien visto en la sociedad potosina. A 26 de enero de 1807 contrajo matrimonio con doña Francisca de la Gándara, hija de don Manuel Jerónimo de la Gándara, dueño de la hacienda de Bledos. En la Iglesia de San Sebastián bendijo el matrimonio Mateo Braceras, cura del pueblo; y fueron padrinos el coronel don Manuel José Rincón Gallardo y doña Ignacia de la Gándara."
Primo Feliciano Velázquez



Hace algunos meses, paseando por el Museo del Prado, me llevé una grata sorpresa, varias veces había recorrido las salas del museo, pero nunca me había detenido en este maravilloso cuadro, y menos había percibido que se trataba de una novohispana, de la ilustre virreina potosina, doña María Francisca de la Gándara y Cardona. Supongo que la mayoría de los visitantes que han visto esta obra no saben quién es aquella digna señora que los mira sentada sobre aquel sofá verde, sosteniendo un pañuelo blanco de rico engaje y un breviario o “libro de horas” aludiendo a su gran religiosidad. Doña María Francisca de la Gándara, condesa viuda de Calderón, pudiera ser el nombre cualquier aristócrata española del siglo XIX, pero si uno se detiene un momento, podrá darse cuenta que no se trata de una persona cualquiera. En primer lugar, llama la atención la pequeña descripción del cuadro, en la cual se atestigua el lugar de su nacimiento, la Nueva España, en segundo lugar, es de llamar la atención el autor de tan portentoso retrato, el Primer Pintor de Cámara de S.M. el Rey don Fernando VII y más tarde de S.M. la Reina doña Isabel II, don Vicente López Portaña, sucesor de Francisco de Goya y Lucientes en la corte regia. El nombre de doña María Francisca, así como su título, pueden sonar desconocidos para la mayoría de los visitantes del Museo del Prado, pero para un aficionado de la historia virreinal, un nombre como éste no pasa desapercibido, sino que despierta una gran admiración e ilusión de que el retrato de una novohispana tan distinguida como doña María Francisca de la Gándara tenga el honor de ser exhibido en una de las pinacotecas más importantes del mundo, compartiendo la sala con reyes, príncipes y caballeros del Toisón.


¿Quién entonces fue doña María Francisca de la Gándara? ¿Y porqué es tan importante como para que su imagen haya sido inmortalizada por el primer pintor de cámara del Rey de España y para que su retrato cuelgue en las paredes del Prado? Todos los que hemos tenido el inmenso placer de visitar el centro histórico de la Ciudad de San Luis Potosí, podemos atestiguar el inmenso orgullo que ahí se evidencia por haber sido el lugar de nacimiento de la única virreina criolla que existió en la historia de la Nueva España, con excepción de doña Gertrudis de Castro y Gutiérrez del Cueto, nacida en Guadalajara, Nueva Galicia, como esposa del virrey interino don Pedro Malo de Villavicencio, pero claro, no es lo mismo virrey interino que virrey con mayúsculas. Así como Querétaro se enorgullece de su querida marquesa de la Villa del Villar del Águila, y presume su maravilloso palacio (La Casa de la Marquesa), San Luis Potosí se honra de tener a su virreina, única de su jerarquía nacida en la España Americana. Ciertamente, la condesa de Calderón ennoblece a la ciudad y la llena de distincción. Doña María Francisca de la Gándara y Cardona fue la esposa del virrey don Félix María Calleja del Rey, quien recibió el título de conde de Calderón en alusión a su victoria contra el insurrecto Miguel Hidalgo y Costilla en el Puente de Calderón, en la Nueva Galicia. A pesar del gran orgullo de ser una “ciudad virreinal” con todas sus letras, aunque la Plaza de Armas de San Luis Potosí albergue la “Casa de la Virreina”, y a pesar de que uno de los restaurantes más prestigiosos de la ciudad se llame “La Virreina”, poca gente parece recordar quién fue dicha virreina, y qué fue de ella. Las fuentes informales de información parecen estar más bien preocupadas de las leyendas y de chismes virreinales que de traer a la memoria la verdadera historia de esta ilustre potosina, hija de un poderoso hacendado y esposa de un brigadier de los Reales Ejércitos, que terminó sus días en la Península como dama de la corte y digna consorte de quien fue uno de los últimos virreyes de la Nueva España, el fundador del linaje de los ilustres condes de Calderón. La condesa viuda de Calderón, cumple en el Museo del Prado su digna función de embajadora de la Nueva España, de embajadora de sus familias y sus linajes, así como de la ciudad de San Luis Potosí, único territorio novohispano representado en un recinto similar.


Casa que fue de la familia de la Gándara, en vida de Doña María Francisca.


Para honrar a nuestra querida virreina y recordar su importantísimo rol en la historia de nuestro país, he decidido publicar este artículo inspirado en el maravilloso retrato que Vicente López hizo de ella con tanta maestría, demostrando la dignidad y la casta de esta ilustrísima potosina, descendiente de la familia La Gándara y Rubín de Celis, dueños de la importantísima hacienda de San José de Bledos y pieza clave en la fuerza y dinamismo de la economía y producción de la Capitanía de San Luis Potosí en la Nueva España. A continuación, expongo la ascendencia y descendencia de doña María Francisca, y aunque me hubiera gustado profundizar aún más, creo que lo que aquí encontramos ya es suficiente para darnos cuenta acerca de quién fue esta magnífica persona, de qué familias descendía, con quiénes gozaba parentesco y amistad, así como las personas que actualmente aseguran la continuidad del noble linaje de los condes de Calderón, y por supuesto, de su primera condesa consorte.

I.- Don Antonio de la Gándara y Gutiérrez. Casó con doña María Antonia González de Cevallos.Fueron padres de:
II.- Don Antonio de la Gándara y González de Cevallos (1703). Casó con doña María Antonia Rosalía de la Puebla de Rubín de Celis y García de Rojas, hija de don Gerónimo Antonio de la Puebla de Rubín de Celis y Mata, y de doña María Micaela Javiera García de Rojas y Véliz de la Torre. Fueron padres de:
III.- Alférez Real don Manuel Jerónimo de la Gándara y Rubín de Celis (6 de febrero de 1746, Real Minero de Nuestra Señora de Belén de los Asientos de Ibarra), dueño de las haciendas de Bledos, Altos, Canoas, Santiago y Tepetate, en San Luis Potosí. Casó en 1765 con doña María Ignacia de Eguía Muro y Mier, hija de don Ildefonso de Eguía y Muro, y de doña María Micaela de Mier Caso y Domínguez. Doña María Ignacia falleció cinco años después, habiéndole dejado dos hijos a don Manuel Jerónimo (don Juan y don Manuel). Casó en segundas nupcias (en 1772) con doña María Gertrudis de Cardona y Vázquez, hija de don José de Cardona y doña Mónica Vázquez. Fueron padres de:

Don Félix María Calleja del Rey,  I Conde de Calderón,
Virrey de la Nueva España.
IV.- Doña María Francisca de la Gándara y Cardona (29 de enero de 1786, Hacienda de San Juan de Vanegas, San Luis Potosí - 1855, Valencia). Casó el 26 de enero de 1807 en la Iglesia de San Sebastián (San Luis Potosí) con el brigadier don Félix María Calleja del Rey (1759, Medina del Campo, Valladolid-1828, Valencia), más tarde virrey de la Nueva España (1813-1816), I conde de Calderón, caballero Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, caballero Gran Cruz de la Orden de San Fernando, caballero Gran Cruz de la Orden de San Hermenegildo, hijo de don Juan Cayetano Calleja, y de doña Eugenia Severina del Rey. Fueron padrinos del matrimonio el primer marqués de Guadalupe Gallardo y doña Ignacia de la Gándara. Fueron padres de:
a) Doña María de la Concepción Eligia Franscica de Paula Trinidad Josefa Calleja y de la Gándara (1814), sin sucesión.
b) Don Félix María José de Guadalupe Pascual Francisco de Paula Calleja y de la Gándara (1815-1816), sin sucesión.
c) Doña María de Guadalupe Calleja y de la Gándara (1817), sin sucesión.
d) Don Félix María Calleja y de la Gándara (1818-1855), sin sucesión.
e) Doña María del Carmen Calleja y de la Gándara (1821), que sigue.
V.- Dona María del Carmen Calleja y de la Gándara (1 de marzo de 1821, Madrid - 5 de noviembre de 1873, Madrid). Casó en 1846 (Valencia) con don José María Mayans y Mayans (1810-1883), conde de Trigona, diputado en Cortes. Fueron padres de:
a) Doña María del Carmen Mayans y Calleja (1847-1924), casada con don Manuel Navarrete y Vergada, marqués de Tremolar.
b) Don Francisco de Sales Mayans y Calleja (1851), que sigue.

VI.- Don Francisco de Sales Mayans y Calleja (18 de julio de 1851, Valencia), conde de Trigona, Teniente de Estado Mayor de la Real Maestranza de Caballería de Valencia, caballero Gran Cruz de la Real Orden de Isabel la Católica. Casó con doña Francisca de Borja de Sequera y Díez de Rivera (1851), dama de la Real Maestranza de Caballería de Valencia, de los condes de la Puebla de Portugal. Fueron padres de:
VII.- Don Leopoldo Mayans y de Sequera (12 de enero de 1890, Valencia-1945), conde de Calderón. Le sucedió su hermano, que sigue:
VIII.- Don José María Francisco de Paula Francisco de Borja Froilán Pascual Miguel Roque Luis Vicente Mayans y de Sequera (1887-1965, Madrid), conde de Calderón y de Trigona, gentilhombre de cámara con ejercicio y servidumbre de S.M. el Rey don Alfonso XIII, caballero maestrante de la Real Maestranza de Valencia, Gran Cruz del Mérito Civil, abogado del Colegio de Valencia, miembro del consejo de administración del Banco de Valencia. Casó con doña Amalia de Jáudenes y Villalonga, condesa de Zanoni, dama de la Real Maestranza de Caballería de Valencia. Fueron padres de:
IX.- Don Luis Mayans y de Jáudenes, conde de Calderón. Casó en 1969 con doña Ana María de la Lastra y González, hija de don José de la Lastra y Messía y de doña Ana González y Giménez, nieta de don José María de la Lastra y Romero de Tejada, de los marqueses de Torrenueva, mayordomo de Semana de S.M. el Rey don Alfonso XIII, y de doña Ángela Messía y Fitz-James Stuart, a su vez hija de los IV duques de Tamanes y nieta de los XV duques de Alba. Fueron padres de:
X.- Don José María Mayans y de la Lastra, actual conde de Calderón.
Pasillo de la Hacienda de Calderón, antigua propiedad
de Don Félix María Calleja del Rey, I Conde de Calderón.



Bibliografía:
- Herrera Peña, José. Morelos Ante Sus Jueces. Editorial Porrúa. 1985. México.
- Núñez y Domínguez, José de J. La Virreina Mexicana, Doña Francisca de la Gándara de Calleja. Imprenta Universitaria, UNAM. 1950. México.  
- Álvarez Cuartero, Izaskun; Sánchez Gómez, Julio. Visiones y Revisiones de la Independencia Americana, México, Centroamérica y Haití. Aquilafuente, Ediciones Universidad de Salamanca. 2005. Salamanca.

- Esparza Osorio, José Jorge. El Real Minero de Nuestra Señora de Belén de los Asientos de Ibarra. LICEUS, Portal de Humanidades. 2002. Aguascalientes.
- BOE número 249 de 18/10/1965, páginas 14130 a 14130 (1 pág.). Ref: BOE-A-1965-17759.
- BOE número 2 de 3/1/1966, páginas 32 a 32 (1 pág.). Ref: BOE-A-1966-130.
- BOE número 148 de 21/6/1985, páginas 19266 a 19266 (1 pág.). Ref: BOE-A-1985-11801.
- BOE número 299 de 14/12/1985, páginas 39485 a 39485 (1 pág.). Ref: BOE-A-1985-26040.
- BOE número 135 de 7/6/1967, páginas 7895 a 7895 (1 pág.). REf: BOE-A-1967-8944.
- ABC de Madrid, Esquelas (22 de febrero de 1967) Ver imágenes: Hemeroteca del ABC.
- Pérez Moragón, Francesc. 1900-2000, Cien Años de Vida en el Banco de Valencia. Edita Banco de Valencia.1999. Valencia. Ver PDF: Cien Años de Vida en el Banco de Valencia.
- Salazar y Acha, Jaime de. Estudio Histórico Sobre Una Familia Extremeña, los Sánchez Arjona. Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía. Lletra. 2000. Ciudad Rodrigo. p. 209.
- Velázquez, Primo Feliciano. Historia de San Luis Potosí. Tomo II. Colegio de San Luis y Archivo Histórico del Estado de San Luis Potosí. San Luis Potosí. p.409
- Museo Nacional del Prado. María Francisca de la Gándara y Cardona, condesa viuda de Calderón, por Vicente López Portaña, óleo sobre lienzo, 128 x 98 cm, firmado, 1846 [P7041].
- ABC de Sevilla, Hemeroteca (28 de octubre de 1969), Hemeroteca del ABC de Sevilla.
- ABC de Madrid, Hemeroteca (30 de octubre de 1969) Hemeroteca del ABC.
- Anales de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía. Volumen IX. 2005-2006. Real Academia Matrinse de Heráldica y Genealogía. Madrid. Página 28.


29 de febrero de 2012

Con mi más sincera envidia.



Estimados lectores,


En primer lugar quisiera disculparme por el largo tiempo que he pasado sin publicar en el blog. Como todos ustedes saben, cada uno de los artículos que aquí se publican son fruto de una larga y seria investigación, que requiere de mucho tiempo y atención. Por la misma razón, en los últimos meses no he tenido la oportunidad de compartir nada nuevo con ustedes y Blogger está teniendo algunos problemas que no me permiten publicar las cosas como quiero (ej. justificar el texto), aunque en este mismo momento me encuentre preparando un artículo que estoy seguro que encontrarán de gran interés. A pesar de todo ésto, quisiera compartir con ustedes un vídeo que me ha sido compartido y que considero que guarda una importante relación con el tema que aquí nos concierne.


Desde el 2010, se encuentra en la red un reportaje de la Casa Solariega de Aliaga, casa habitada desde 1535 por la misma familia, heredada de generación en generación por línea de varonía. Actualmente la casa es propiedad de don Gonzalo Jorge de Aliaga y Ascenzo, conde de San Juan Lurigancho, XIV nieto del capitán don Jerónimo de Aliaga, quien acompañó a don Francisco Pizarro en la conquista del Perú. Pues si, estimados lectores, con mi más sincera envidia debo decir que la Casa de Aliaga se encuentra en el territorio que fue siempre par a la Nueva España, el importantísimo virreinato del Perú. ¿Porqué entonces, en un blog que trata la genealogía de la Nueva España, se habla sobre una casa peruana? La razón es simple, en primer lugar porque es en la comparación con los otros que percibimos nuestras señas particulares, así como las cosas que compartimos, y es entonces donde somos capaces de percibir nuestra propia identidad. En segundo, porque es imposible hablar de la Nueva España sin mirar hacia El Perú, hacia la Nueva Granada o el cortísimo virreinato de La Plata, pues así como cada territorio tuvo fenómenos singulares, también es posible encontrar semejanzas asombrosas con cada uno, que nos permiten hablar de patrones que definen una identidad virreinal propia de la América Hispánica.  


Los dejo entonces con este interesante reportaje que despierta las envidias de todo aficionado a la historia virreinal novohispana. ¡Cómo quisiéramos que en nuestro querido territorio existiera una conservación del patrimonio histórico familiar como lo hay en otros países! Quizás, algún día seamos capaces de comprender la riqueza que ésto representa para una nación, por ahora podemos apreciar lo que tienen nuestros vecinos, y cuando estemos preparados, podremos seguir su ejemplo.







Para saber más sobre la Casa de Aliaga te invito a que visites su página oficial: http://www.casadealiaga.com/



18 de octubre de 2011

Primer Aniversario.





Estimados lectores,


Me alegro en anunciarles que el día de hoy se cumple el primer aniversario del blog de Genealogía Novohispana. El 18 de octubre del 2010 publiqué el primer artículo, referido a los condes de Santiago de Calimaya, y desde entonces el blog no ha dejado de funcionar para difundir la historia de los principales linajes del virreinato novohispano. El blog no solamente ha sido un espacio de difusión, sino que también ha servido para ir creando una red de aficionados y profesionales de la historia familiar novohispana, quienes constantemente participan y complementan los artículos publicados. Espero que esta comunidad siga creciendo, para así poder sacar a la luz y desempolvar esta parte tan importante de la historia de nuestro territorio, y que tan rezagada ha quedado a través de los años.

Es verdad que este blog no se dedica, ni pretende dedicarse, a tratar la genealogía de todos los estratos sociales de la Nueva España, tampoco pretende desentrañar el origen de familias que actualmente habitan el México independiente. El blog de Genealogía Novohispana, lejos representar un estudio superfluo, trata la historia de aquellas familias, que por sus hazañas o por su linaje, fueron consideradas principales en este territorio, aquellos que ocuparon altos cargos de gobierno y fueron los dueños de las tierras, y cuyas formas de vida estaban expuestas a los ojos de todos, sirviendo como modelo social y cultural para el resto la población.

Las familias de las que tratamos en este blog son aquellas que, como ya he dicho muchas veces, formaron verdaderas redes de poder a través del parentesco, fueron, en definitiva, aquellos que gobernaron, hicieron justicia, y constituyeron el motor y dinamismo de la economía virreinal. No se trata pues, de un estudio de vanidades ni de un anecdotario presuntuoso para poder exponer la alta civilidad de nuestra sociedad, sino un estudio de fuerte interés sociológico, político y cultural, que pretende ofrecer esa visión, para muchos oculta, de que antiguamente, desde la época precolombina hasta la Reforma Agraria, la familia y el parentesco ocuparon un lugar primordial en la conformación, no solo social, sino económica, política, cultural, religiosa, arquitectónica, urbanística, rural, etcétera, de nuestro país.

Códice Selden, ascedencia divina de la Princesa 6 Mono.
La genealogía no fue importada ni aumentó su valor en el territorio mexicano con la conquista, ya las culturas prehispánicas le daban un lugar fundamental, prueba de ello son los primeros códices mixtecas, llamados naandeye o tonindeye, que significa la historia de los linajes. En el Códice Vindobonensis, impacta la centralidad de la escena acerca del nacimiento de los 51 hombres del árbol de Apoala, considerados dioses, y de donde descendían las dinastías nobles de La Mixteca, cuyos linajes se documentan en el mismo códice por más de setescientos años, desde el siglo VII hasta el XIV. En el caso de los mayas, por ejemplo, es muy conocida la historia genealógica de los ahauajaw, gobernantes de Palenque y supuestos descendientes de la "Primera Diosa", comenzando por K'uk' Balam I, en el año 397 d.C., pasando por el gran ajaw Pakal "el Grande", y terminando en el último ajaw, Sak Balam, en el año 800 d.C.

Para las culturas prehispánicas mesoamericanas, la importancia de la genealogía y ascendencia fue mucho mayor que para las occidentales, el dinamismo social era prácticamente inexistente, más parecido al sistema de castas del hinduismo, pudiendo acceder a cargos solamente aquellos que probaran la nobleza de su sangre, siempre partiendo de un origen divino. La conquista española de América trajo consigo la secularización de los linajes, pues en la cultura occidental nadie osaría pretender descender de una divinidad. Al igual que en Mesoamérica, en la España medieval, el gobierno, el poder y la propiedad estaban fuertemente vinculados a la ascendencia. El mestizaje cultural evidentemente acarrea un mestizaje de la visión acerca de la importancia de los linajes y la jerarquía. No podemos pues, ignorar que la Nueva España se conformó por el mestizaje entre dos mundos altamente jerárquicos, y su resultado no pudo ser de otra manera. La documentación genealógica es entonces fundamental para la legitimidad de poder en la nueva sociedad virreinal. Si bien tuvo una importancia muy destacada, actualmente está muy poco difundida la documentación genealógica de los nobles y caciques indígenas durante el virreinato. Los nobles españoles reconocían a sus pares en la nobleza indígena, prueba de ello es la concesión de títulos de Castilla, señoríos, altos cargos y escudos de armas a los descendientes de Moctezuma, de los Alva Itxtilxóchitl, los Villagómez, y muchas otras familias que se introdujeron a la aristocracia virreinal y peninsular debido al reconocimiento absoluto de su nobleza como notoria por parte de la sociedad occidental, realizando numerosos matrimonios conjuntos, los cuales ya se han evidenciado en algunos de los artículos aquí publicados. También la Corona de los Habsburgo ennobleció a varias familias indígenas por sus servicios en la conquista, como el caso de la familia Motelchiuhtzin, originalmente macehuales, y ennoblecidos por los actos del capitán Andrés Motelchiuhtzin, cuyo nombre modificó a Andrés de Tapia (homónimo del conquistador).
Armas concedidas por S.M. el Rey Don Carlos I
 a Don Juan Istolinque, cacique de Coayacán.

Ya a principios del virreinato, la movilidad social comenzó a ser mayor, ennobleciéndose, por ejemplo, a los conquistadores, fundadores y primeros pobladores de las Indias, así como a pueblos enteros, como el caso de los tlaxcaltecas, reconocidos por prestar sus armas en servicio a la Corona. De igual forma, muchos no ennoblecidos accedían a altos cargos a través de sus esfuerzos y por mérito propio, aunque en un principio fuese ésto más difícil de conseguir. Ahora bien, muchos nobles no necesariamente vieron el éxito ni la riqueza, y familias de gran tradición peninsular también conocieron la desgracia y la miseria. Con la proclamación de la Primera República y la disolución de los mayorazgos, quedaron suprimidos los derechos de sangre, por lo menos jurídicamente, y con ello muchas familias perdieron el interés por la documentación genealógica, así como por preservar la tradición de sus apellidos, siendo ya algo irrelevante para el acceso al poder. Sin embargo, más de 1700 años de tradición estaban detrás de ese nuevo modelo social y político, y claramente la cultura de ese antiguo territorio era más fuerte que las políticas de cualquier talante ideológico que pudieran existir.

A través de los años, hubieron fuertes cambios sociales, aún así, el prestigio que da el tiempo y la historia tardarían muchos esfuerzos más para lograr la disolución de la importancia real de la tradición familiar, para desgracia del ideario republicano. El golpe más fuerte, y quizás más decisivo, que recibió la importancia genealógica en México, fue la Reforma Agraria de comienzos del siglo XX, despojando de sus propiedades a los grandes y medianos terratenientes, y con ello disolviendo la última fuente de poder real que quedaba en las antiguas redes de parentesco, cuyos orígenes se remontaban al siglo XVI, y en algunos casos, mucho antes. Con ese golpe final, la ascendencia perdió toda conexión con el poder y la riqueza, terminaron por completar las filas de poder los militares revolucionarios, los líderes sindicales, los fieles republicanos, y los nuevos empresarios cuya amistad con los dirigentes revolucionarios y agraristas comenzaban a dar frutos.

Don Sebastián Lerdo de Tejada y Bustillos,
presidente de México, descendiente del
Antiguo e Ilustre Solar de Tejada.
Actualmente, sobreviven ciertas pistas de tradición en algunas familias mexicanas y centroamericanas, en cuanto a la sociedad novohispana se refiere, algunas familias han logrado realizar aquella estrategia de Tomasi di Lampedusa en Il Gattopardo ("si queremos que todo siga igual, es necesario que todo cambie"), y sobreviven casos admirables, como el de la familia Villagómez, antiguos caciques de La Mixteca precolombina que ocuparon altos cargos hereditarios durante el virreinato, llegando a ser de los mayores terratenientes desde la segunda mitad del siglo XVII hasta la independencia, dirigentes políticos durante el porfiriato, líderes revolucionarios, financieros, pasando muchos de ellos ahora a ser destacados empresarios, cuya tradición se ha mantenido por más que quizás ninguna otra familia del México actual. Como éste, existen otros casos, de notables familias peninsulares que en la Nueva España mantuvieron su tradición y que actualmente siguen protagonizando la vida política, económica y cultural en México. Sin embargo, los valores del ideario republicano han triunfado en las sociedades americanas, y los siglos de tradición familiar generalmente son ignorados por sus propios miembros, y en caso contrario, se les acusa de esnobismo.

Espero pues, a través de este espacio, desenterrar aquellas tradiciones que han quedado escondidas pero que indudablemente forman parte de nuestra historia y también de nuestra cultura actual, que si bien no siempre encuentran el aprecio que deberían, tienen un valor fundamental en la conformación de nuestra identidad, sin importar lo que digan los idearios nacionalistas. La justicia demanda el reconocimiento de nuestra historia, de aquellos que la forjaron, sin distinción de su cercanía o distancia con la forma de gobierno presente. Ojalá todas estas familias, cuyos esfuerzos construyeron nuestra cultura y nuestra nación, sean reconocidas como parte de nuestra historia, y no negadas, ridiculizadas, y desestimadas por una idea errónea y generalizada porque así convino a una forma de gobierno.

Invito a todos los lectores del blog a continuar difundiendo nuestras tradiciones, de la manera que cada quien deseé, y a seguir invitando a otros a participar de este proyecto, que como ya he explicado, trasciende la simple curiosidad, y se convierte en un despertar al pasado, a la historia, a la verdad y en definitiva a nuestra verdadera identidad.

Como ya es tradición, he modificado el diseño del blog para darle un aire nuevo ahora que celebramos su primer aniversario. En esta ocasión adorna la portada una fotografía de un detalle de la fachada del Templo del Carmen en San Luis Potosí, una de las mejores representaciones del barroco churrigueresco novohispano, en donde la mano de artesanos indígenas deja su huella en los diseños de la arquitectura española del siglo XVIII.   La construcción del Templo del Carmen se inició en 1749, y fue finalizada en 1764, junto a su convento (destruido por las fuerzas del presidente Benito Juárez durante las Guerras de Reforma). Entre aquellos que financiaron la construcción se encontraron don Bartolomé López de Meza, don Manuel Fernández de Quirós, don Francisco de Villanueva y Velasco, el bachiller don Santiago Sánchez de Alvear, don Nicolás Fernando de Torres, y la esposa de éste, doña Gertrudis de Maldonado y Zapata. Agradezco a todos ellos el habernos regalado un edificio tan magnífico.

Detalle de la puerta mayor del Templo de Nuestra Señora del Carmen, San Luis Potosí.


Me despido pues, por ahora, y agradezco a todos su interés, colaboración y entusiasmo por los contenidos de este espacio.